Con una carrera que cruza el teatro, el cine y la televisión, el actor mexicano lleva el rol principal en el proyecto más reciente de Netflix: “El Yerno”. Un filme del que nos habla en exclusiva y que es el resultado de una trayectoria construida desde el trabajo constante y la terquedad del oficio
Humberto Vázquez Galindo
Hay actores que cruzan de un lenguaje a otro y hay quienes los habitan todos. Adrián Vázquez pertenece a estos últimos: Formado en la escena, curtido en series y afinado en el cine, su trayectoria no responde al azar, sino a una disciplina que se acumula como capas de sentido.
En el teatro —donde ha construido una credibilidad poco negociable— encontró su pulso; en la pantalla, el eco. Hoy, ese recorrido lo coloca al centro de “El Yerno”, la sátira política dirigida por Gerardo Naranjo para Netflix, donde asume, por primera vez en esta escala, el peso de un protagónico.
La película —escrita por James Schamus, Gabriel Nuncio y Alexandro Aldrete— sigue a José Sánchez, un hombre que tras una mala racha convierte su labia en herramienta de ascenso dentro de una maquinaria donde el poder se negocia en voz baja. Así nace “El Serpiente”, operador político, sobreviviente moral y síntoma de una época.

“El yerno es una comedia de humor ácido que nos muestra la ambición desproporcionada y cómo el ser humano puede transformarse y trastocar incluso sus principios y sus fundamentos intentando lograr algo”, explica Adrián como introducción a un proyecto que lo acaba de hacer desfilar por la alfombra roja del Festival Internacional de Cine de Guadalajara donde la cinta fue ovacionada. Además agrega: “Es una historia contada con un humor bastante negro, bastante ácido, que nos permite indagar en la naturaleza humana”.
Pero el discurso promocional insiste en un concepto que al actor no le termina de convencer del todo: El “sueño mexicano”. “Creo que cuando hablan del sueño mexicano se refieren a un intento de analogía, incluso de sincretismo, con la idea del sueño americano… pero es una frase publicitaria que la verdad no comparto. No creo que lo que se ve en la película represente ese supuesto sueño, ni siquiera en una minoría sustancial”.
La política en “El Yerno” está atravesada por un toque de drama, corrupción y un humor que a veces parece involuntario. En ese territorio, el deseo de “triunfar” se vuelve una obsesión peligrosa. Sin embargo, Vázquez amplía el mapa: “Creo que los mexicanos soñamos con cosas —parafraseando a un futbolista— soñamos con cosas chingonas, cosas que nos conmueven. Somos una cultura profundamente humana y sensible. Además no creo que exista un solo sueño mexicano: Somos una multiplicidad de culturas y comunidades, cada una con una cosmovisión distinta, y eso hace que lo que aspira una persona sea completamente diferente a lo que aspira otra”.
Más que negar la crítica, la complejiza. ¿Es El yerno una radiografía de México? La respuesta no es simple. “Creo que el sueño americano está culturalmente muy arraigado por una noción de posguerra, por esa búsqueda de estabilidad. México no ha pasado por esa reconciliación luego de un conflicto armado. Hemos continuado en nuestras pequeñas batallas, por eso nuestros sueños son múltiples”. Y luego aterriza la idea: “Quizá lo que llaman sueño mexicano tiene más que ver con una sociedad moderna corrompida, que sí existe, pero no creo que sea la aspiración de toda la comunidad, sino de un grupo específico”.

Es ahí donde la película encuentra su filo: no como espejo total, sino como fragmento incómodo. Encarnar a “El Serpiente” implicó mirar hacia dentro. “Más que una inspiración externa, fue indagar en la profundidad de la propia naturaleza para encontrar puntos de encuentro con el personaje”. Ese proceso no ocurrió en soledad. La dirección de Gerardo Naranjo y el trabajo colectivo fueron clave: “Fue una experiencia bellísima. Gerardo es un ser sensible, amoroso, generoso, siempre dispuesto a escuchar y a proponerte cosas que te desafían. Es de esos directores con los que uno quiere volver a trabajar”.
Antes de sostener este protagónico, Vázquez había construido una carrera donde cada aparición parecía afinar una herramienta distinta. En televisión, su presencia ha transitado por registros diversos: de “Crónicas de Castas” a “Sincronía” y “Falco”, pasando por proyectos más recientes como “Búnker”, “Pinches momias”, “NBN” (El Señor de los Cielos: Sus comienzos), “Los Elegidos”, “90 minutos”, “Un buen divorcio” y “Las muertas”. Personajes distintos, tonos disímiles, pero una constante: la precisión.

En cine, el mapa no es menor. Ha participado en producciones internacionales como “Atrapen al gringo” junto a Mel Gibson y “Elysium” con Matt Damon, al tiempo que se ha consolidado dentro del cine mexicano contemporáneo con títulos como “Pura sangre”, “Todo mal”, “Placa de acero”, “Cosas imposibles”, “Corazonada”, “Ruido”, “El último vagón” y “Violentas mariposas”.
Uno de sus momentos clave llegó con “Polvo” (2019), donde su interpretación le valió una nominación al Ariel, confirmando que su fuerza no depende del tamaño del papel, sino de su contundencia. Esa acumulación de registros es la que hoy desemboca en “El yerno”: No como salto abrupto, sino como consecuencia.
Aunque la película transita por territorios donde la corrupción parece estructural —esa amalgama entre política, crimen y poder—, Vázquez se resiste a una visión totalizante, porque como diría ese slogan que se repite en las marchas ciudadanas por toda la república: Somos más los buenos que los malos. “Sí hay partes donde refleja cosas que ocurren, pero la gran mayoría del país también está llena de belleza, de posibilidades, de fiesta, de amor, de comida, de baile. México es mucho más que eso, porque gozamos de una bonanza y además en este país se respira alegría, regocijo y esperanza”.
Y en esa afirmación aparece, inevitablemente, la esperanza: “Claro que hay lugar para la esperanza. La naturaleza humana siempre encuentra espacio para la redención, para el amor, para la empatía. Tenemos la posibilidad de reconocer al otro y conectar desde ahí, desde la empatía. Esta película también muestra eso”.
Y aunque hoy hablamos de un proyecto que será lanzado por la plataforma más influyente a nivel mundial, la raíz de Adrián sigue estando en el teatro. Formado en la Universidad Veracruzana, con maestros como Ludwik Margules y Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, Vázquez hizo del escenario su laboratorio. Ahí dirigió y escribió, pero también construyó una obra que se volvió referente: “Wenses y Lala”, una pieza que lleva más de una década en cartelera.
Esa base define su manera de entender el oficio: “Cuando uno se dedica a esto como vocación, se siente pleno en todos los aspectos del proceso creativo para construir ficicones. A mí me apasiona mucho el colaborar no solo como actor, sino como guionista, o director y también desde lo técnico: Iluminación, escenografía… todo los aspectos son entrañables y aportar a lo que construya ficción me resulta profundamente satisfactorio, más alla de la plataforma donde se vaya a mostrar ese trabajo creativo”.

Su llegada a “El yerno” no fue fortuita, sino el resultado de años de trabajo y encuentros: “Trabajar con Gerardo Naranjo fue una experiencia hermosa de principio a fin. Además, el llegar a un proyecto como éste, te hace sentir honrado y privilegiado y lo que nos queda por hacer es participar con toda tu naturaleza para ayudar a construir un discurso creado por el guionista y el director. Gerardo es un ser muy sensible, amoroso y generoso, siempre dispuesto a escuchar y a tomar en cuenta tus propuestas y también a desafiarte. Yo cien veces más volvería a trabajar con él”.
Y aunque el rodaje fue miel sobre hojuelas, el proceso fue arduo: “Aunque debo de admitir que ya ha tenido la maravillosa fortuna de haber trabajado antes con dos grandes directoras de casting como Isabel Cortázar y Andrea Bati. Y en esta ocasión, ellas me dieron la oportunidad, vino el proceso, los callbacks… y todo fue avanzando. Es un camino de muchos años construyendo mi carrera y este equipo que he hecho con ellas me lleva de nueva cuenta al agradecimiento”.
Curiosamente, Adrián no dimensionó el tamaño del proyecto de inmediato: “Me di cuenta a la mitad del rodaje. Y qué bueno, porque si lo hubiera sabido antes, habría estado más ansioso. Pero hoy no me queda más que dar gracias a Dios, al cosmos, al universo, al destino por haberme puesto ahí”.
Sobre el destino de la película, Vázquez no se aferra a certezas: “El recibimiento del público no necesariamente tiene que ver con la entrega. Uno trabaja con amor, con pasión, pero el cine es incierto, depende de muchos factores”. Aun así, hay una convicción: “Siempre espero que a los proyectos les vaya de la mejor manera. Este lo hicimos con mucha dedicación, y ojalá conecte con la gente”.

Cuando se le pregunta qué sigue, la respuesta no apunta a una meta, sino a una forma de estar: “Soy un actor que se dedica de tiempo completo a coadyuvar para construir historias. Es mi gran pasión, acompañada siempre de disciplina y entrega”. Además, dirige su propia compañía teatral, manteniendo viva esa raíz que lo formó. Y entonces todo encaja: el actor que construyó su credibilidad en el escenario, que transitó con paciencia por la pantalla, hoy sostiene un protagónico que no llega como golpe de suerte, sino como consecuencia. “El yerno” no es un punto de partida. Es la evidencia de un camino. Dirigida por Gerardo Naranjo y protagonizada por Adrián Vázquez, la película estrena en cines selectos a partir del 19 de abril y llega a Netflix el próximo 1 de mayo de 2026.
EDITORIAL EME EME – CRÉDITOS
Editora: Diana Bedolla
CRÉDITOS:
Foto: Alberto Hidalgo
Entrevista: Humberto Vázquez
Management : Mel Mendoza | MM Agency











