Hay historias que no se cuentan desde el éxito, sino desde la insistencia. La de Verónica Montes es una de ellas: una carrera que no se construyó en línea recta, sino a base de decisiones valientes, cambios radicales y una convicción que nunca se negoció.

Todo comenzó mucho antes de que entendiera lo que significaba actuar. En Perú, siendo apenas una niña, ya tenía una conexión natural con la cámara. “Mi mamá me llevaba a castings desde los tres años… dice que yo era muy coqueta, que sonreía y me encantaba estar frente a la cámara”, recuerda. Lo que parecía un juego, poco a poco se transformó en certeza.
Años después, ya instalada en Estados Unidos, esa intuición se volvió decisión. “Como a los 15 años dije: quiero volver a esto, quiero estudiar actuación… y ahí me di cuenta que no quería otra carrera”.
El inicio: una línea que lo cambió todo
Su primera oportunidad llegó con una pequeña participación en Bajo las riendas del amor. Un papel breve, casi simbólico, pero profundamente significativo.
“Tenía literal una línea… la practiqué mil veces, estaba nerviosa, emocionada, porque estaba con actores que veía desde chiquita”, cuenta. Sin embargo, ese momento tuvo un giro inesperado: “El director me dio dos líneas más… y para mí fue lo máximo. Ahí empezó todo”.
Compartir set con figuras como Gabriel Soto no solo representó un sueño cumplido, sino una visión del futuro. Años después, la vida le daría la vuelta completa: de extra a protagonista a su lado. “Es como… wow, no me lo puedo creer”, dice.
El proyecto que lo cambió todo
El verdadero punto de inflexión llegó con El Señor de los Cielos, donde interpretó a “La Condesa”, un personaje que la catapultó a nivel internacional.
“Marcó un antes y un después porque fue cuando llegué a México… me abrió las puertas de Latinoamérica, los productores empezaron a conocerme, la gente también… me cambió la vida por completo”.
Ese proyecto no solo la posicionó, también le confirmó que estaba en el lugar correcto.
El arte de construir personajes
A lo largo de su carrera, Verónica ha encontrado en los personajes complejos —especialmente las villanas— un terreno fértil para explorar como actriz. Pero lejos de repetir fórmulas, su enfoque es profundamente detallado.
“Trabajo desde cero cada personaje: cómo habla, cómo se mueve, qué lo hace diferente… no me gusta hacer villanas iguales, cada una tiene que tener su esencia”.
Uno de los mayores retos llegó al enfrentarse a un personaje que requería dominar un acento sin caer en lo exagerado. “Fue muy difícil lograr que no se sintiera caricatura… quería que fuera natural, real”.
El proceso fue intenso: “Todo el día estaba con audífonos escuchando acentos, viendo novelas, practicando… hasta mi mejor amiga, que es venezolana, vino a ayudarme”. El resultado fue un personaje que conectó con el público y que, hasta hoy, sigue siendo recordado.

Empezar de nuevo: el mayor desafío
Cuando su carrera en Estados Unidos ya tenía estabilidad, decidió tomar uno de los riesgos más grandes de su vida: mudarse a México y empezar desde cero.
“Fue muy difícil… no conocía a nadie, nadie me conocía, tuve que empezar otra vez”, confiesa. En una industria competitiva, ese salto implicó paciencia, resiliencia y mucha disciplina.
Hoy, después de más de 15 años en el país, lo ve con perspectiva: “Iba a venir por un año… y me quedé. Amo México, ya soy más mexicana”.
La crítica, el éxito y la estabilidad emocional
En una industria donde la opinión pública es constante, Verónica Montes ha aprendido a tomar distancia. Más allá del reconocimiento, su definición de éxito es clara y profundamente personal: “Para mí, el éxito es estar bien contigo misma. Si no estás bien emocionalmente, no puedes disfrutar nada de lo demás”.
Esa filosofía también la lleva a su trabajo actoral, donde la conexión emocional es clave. “Si no sientes el personaje, se va a ver falso. La gente lo nota… desde su casa, desde la pantalla”.
El poder del entretenimiento
Para Verónica, el arte no solo entretiene, también transforma. En un contexto donde el estrés y la rutina dominan la vida cotidiana, el contenido audiovisual se convierte en una vía de escape.
“El mundo ya tiene muchos problemas… lo padre es poder hacer historias que hagan reír, que te hagan olvidar un poquito lo de afuera”.
Más que fama o reconocimiento, su objetivo es generar emoción: “Que la gente disfrute, que ame al personaje —aunque sea villana—, que se lo goce”.
Lo que viene
Hoy, Verónica Montes no solo busca seguir trabajando: busca evolucionar. Le interesan las historias distintas, los retos actorales y los proyectos que rompan con lo ya visto.
“Me encantaría hacer cosas de época, acción, historias que no se hayan contado… cosas nuevas”.
Pero también tiene claro su lado personal: “Me veo casada, con hijos… formando una familia, pero sin dejar de hacer lo que amo”.

Más allá de la actriz
Fuera del set, se define sin filtros: “Soy muy disciplinada… a veces impaciente… pero muy soñadora”.
Tres palabras que resumen no solo su personalidad, sino su trayectoria.
Porque si algo ha demostrado Verónica Montes, es que el talento abre puertas… pero es la disciplina la que te mantiene dentro. Y en su caso, apenas estamos viendo el verdadero alcance de todo lo que está por venir.
EDITORIAL EME EME – CRÉDITOS
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