Por Diana Bedolla
Hay momentos en la ciudad que te obligan a frenar el paso. A levantar la mirada. A sentir. Eso fue exactamente lo que me ocurrió al llegar a El Palacio de los Palacios y encontrarme, en el corazón de su fuente principal, con Anáhuac, la nueva escultura monumental del artista visual español DULK, presentada por El Palacio de Hierro.

Imponente, delicada y profundamente simbólica, Anáhuac no es solo una obra de arte: es una conversación abierta entre el pasado ancestral de México y su presente urbano. Su nombre, tomado del náhuatl y entendido como “el mundo habitable”, encapsula la esencia de la pieza: un espacio donde tierra, agua y vida coexisten en equilibrio… o al menos, donde aún podemos imaginarlo.
La escultura —de más de 12 metros de altura— reúne a seis especies emblemáticas de la biodiversidad mexicana, todas en peligro de desaparecer: la tortuga laúd, el ajolote, el jaguar, el guacamayo rojo, la mariposa monarca y la vaquita marina, el mamífero marino más vulnerable del planeta. Cada figura está integrada con una estética poética que es ya sello distintivo de DULK, donde la belleza y la fragilidad conviven en perfecta tensión.
Uno de los detalles que más me conmovió fue saber que esta obra, concebida exclusivamente para este espacio, fue materializada por artesanos mexicanos de Iztapalapa, de la mano de Los Fabricadores. El resultado es un diálogo exquisito entre el talento internacional y la maestría artesanal local, elevando la pieza a un símbolo de colaboración, respeto y herencia cultural.




DULK, cuyo trabajo ha transitado entre el arte urbano, la escultura y la pintura mural, ha construido una carrera profundamente ligada a la conservación ambiental. No es casualidad que en 2023 fuera nombrado National Geographic Expert para National Geographic Expeditions. Su obra no busca imponer un discurso, sino provocar una emoción; no señalar, sino sensibilizar.
Con Anáhuac, El Palacio de Hierro reafirma su compromiso con el arte contemporáneo, la cultura y la valorización de la biodiversidad mexicana, transformando un espacio icónico en un punto de encuentro donde el lujo, la conciencia ambiental y la memoria ancestral se entrelazan con natural elegancia.
La escultura podrá visitarse en El Palacio de Hierro Polanco del 22 de enero al 22 de febrero de 2026, abierta tanto para clientes Totalmente Palacio como para el público en general. Una invitación a detenerse, observar y reflexionar sobre aquello que aún estamos a tiempo de proteger.











