En Aguascalientes, nació uno de los personajes más emblemáticos del imaginario mexicano: la Catrina. En sus calles, entre prensas y litografías, José Guadalupe Posada trazó con tinta y buril la calavera garbancera. La ideó como sátira social, recordando a todos, ricos y pobres, criollos y mestizos, que al final, compartimos la misma morada: la muerte. Su risa era un espejo incómodo y, al mismo tiempo, un gesto de complicidad con la eternidad.
Décadas después, el gran maestro Diego Rivera, en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, le regaló cuerpo y vestido elegante, transformándola en la bella dama que conocemos hoy. Desde entonces, la Catrina dejó de ser solo crítica social para convertirse en musa universal y mensajera de la vida misma. Una imagen que viajó del grabado popular a los museos, de los altares a los desfiles internacionales. Incluso en el cine apareció en la película de James Bond, Spectre, recorriendo el mundo como emblema vibrante de la cultura mexicana.
Pero más allá de la fama y la estética, la Catrina encarna la esencia del Día de Muertos. Esta festividad no es un duelo, es un renacer: el instante en que el tiempo se pliega y nos permite reencontrarnos con quienes partieron. Cada altar encendido es un puente; cada flor de cempasúchil, una llama que guía; cada pan de muerto compartido, un acto de amor que vence el olvido.
En Aguascalientes y todo México, se comprende que la muerte nunca llega sola: viene acompañada de memoria, de canto, de ironía y de color. Aquí la Catrina no es sólo una calavera elegante: es la risa que desafía el silencio, la mano extendida de quienes ya no están, el rostro femenino que en su propia paradoja proclama: celebrar la muerte es, en realidad, celebrar la vida.





Hoy, en un mundo que a menudo teme hablar de la muerte, la Catrina se alza como un grito femenino y colectivo. Con sus flores en el cabello y su falda amplia, nos recuerda que la vida es fugaz, pero también intensa, y que cada paso que damos puede convertirse en memoria. A través de ella, las mujeres decimos: sí, somos mortales, pero mientras tanto, vivimos con fuerza, con belleza, con risa y con dignidad.
El Día de Muertos nos invita a mirar de frente lo que otros ocultan. A encender la vela no por nostalgia, sino por la comunión con quienes han partido. A compartir la mesa con los nuestros y nuestras, y a entender que el amor es tan poderoso que vence al tiempo. Y en ese ritual colectivo, la Catrina camina con en todo México, elegante y desafiante, recordándonos que la frontera entre la vida y la muerte no es muro, sino puente.
Así, cada noviembre en esta tierra, celebramos un misterio ancestral: que morir es transformarse, y que recordar es volver a vivir. Entre altares, cantos y aromas de copal, la Catrina sonríe y nos susurra que no hay final, sino tránsito; no hay ausencia, sino transformación.
Y entonces comprendemos que ¡Viva la vida!, gritamos, aún cuando celebramos la muerte.
Por: Mafalda Budib
Aguascalientes, cuna de la Catrina
- Taller Nacional de la Gráfica
Espacio donde el buril, la tinta y el papel siguen dando vida al grabado. Allí, artistas contemporáneos mantienen viva la tradición iniciada por Posada. Entre ellos destaca Carlos Castañeda, grabador que ha reinterpretado la figura de la Catrina en ediciones llenas de fuerza y frescura. - Museo Nacional de la Muerte
Único en su tipo, reúne piezas de arte, objetos rituales y expresiones plásticas que muestran cómo la muerte ha sido vista, comprendida y celebrada a lo largo de los siglos en México. - Museo José Guadalupe Posada
Recinto dedicado al creador de la Catrina, resguarda grabados originales, caricaturas y obras fundamentales de Posada, invitando a recorrer su vida y legado.




Un recorrido Vivencial
El Mtro. Guillermo Saucedo, exdirector del Museo Posada, ofrece una caminata en el barrio que vio nacer a Guadalupe Posada. Narrando las distintas edades de este personaje, desde el joven caricaturista al grabador consagrado que, con ironía y sensibilidad, inmortalizó a la Catrina como símbolo universal.
CRÉDITOS
Fotografías: Mafalda Budib, en el Museo Guadalupe Posada, Aguascalientes
Obras de Carlos Castañeda
Fotografía de Uriel Mateos











