La noche de ayer, el Auditorio BB se convirtió en un punto de encuentro para quienes siguen de cerca el pulso del rock en español. Sidecars llegó a la capital para inaugurar su Gira Everest, con un sold out que se concretó días antes y un público dispuesto a sostener la intensidad de principio a fin.
Lejos de cualquier artificio, la banda apostó por una ejecución sólida, con una puesta en escena limpia y un sonido que refleja evolución sin perder identidad. El set estuvo bien medido: temas recientes que muestran una etapa más afinada, junto a canciones que ya forman parte de su historia y que mantienen una conexión directa con la audiencia. No hubo excesos, hubo control.
Este arranque no se sintió como una simple primera fecha, sino como una declaración de momento. La banda no solo domina su repertorio, entiende perfectamente cómo habitar el escenario y sostener la atención sin recurrir a fórmulas obvias. Hay confianza, pero también intención.



Sobre este primer paso, Ezquendel Alpízar, especialista en entretenimiento, señala: “Sidecars ya no está en etapa de prueba. Este arranque deja claro que saben exactamente dónde están parados y hasta dónde pueden llegar. No es solo convocatoria, es control de escenario.”
Lo visto en el Auditorio BB deja una lectura concreta: no es una gira más, es un punto de consolidación. Si este fue el arranque, lo que sigue no apunta a crecer, apunta a sostener un nivel que pocas bandas logran mantener.








